martes 5 de enero de 2010

Memorias perdidas caminando no por aquí.

- (...) Veo que eres bastante joven. No deberías estar lejos de tu hogar -dijo rápidamente sin responderme-.
- ¿Por qué evades todas mis preguntas? ¿Tratas de hacerte la misteriosa?
- No trato, puedo serlo. Como también puedo ser clara cuando quiera.
- Sé clara.
- ¿Por qué habría de serlo? -dijo con una risita entre labios-.
- Porque me trajiste aquí, porque quiero saberlo y... sólo responde. ¡Vamos!, sólo quiero saber quien eres.
- Suenas convincente -dijo mientras se acomodaba y me miraba fijamente a los ojos-. Está bien, tengo 23 años.
- ¡Oh, qué joven!... Me alegra que lo hayas dicho.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Me gustan las personas claras. (...)

domingo 3 de enero de 2010

Algunas memorias escritas.

"Hace tiempo que no escribía aquí. (Sí, con esto comenzaré)
¿Sabes? (¿A quién escribo?); ¿SÉ?: hoy le vi. No le veía hace mucho tiempo...
... me pregunto si aún se acuerda de mí."

viernes 1 de enero de 2010

Cuando (me) miras.

Mirá, mirá como tomo tus manos y te llevo a dar una vuelta por ahí.
Mirá, mirá como paso mis dedos por tu pelo tratando de guardar tu olor.
Mirá, mirá como transformas mis días grises en bonitos días asoleados.
Mirá, mirá como corro con la mirada a recibirte todos los días.
Mirá, mirá como te extraño todo el tiempo en que no estás junto a mí.
Mirá, mirá como te hablo y trato de acercarme a ti.
Mirá, mirá como me acerco a tus labios en busca de un primer encuentro.
Mirá, mirá como eres quien únicamente puede hacerme cambiar de opinión.
Mirá, mirá como no tengo noción del tiempo a tu lado.
Mirá, mirá como no me importa lo que piensen los demás.
Mirá, mirá como tengo que esperar todos los días para ver tu hermoso rostro nuevamente.
Mirá, mirá como tiemblo cuando me abrazas.
Mirá, mirá como me apoyo en tu pecho (y quiero quedarme así para siempre)
Mirá, mirá como nos escondemos, pero poco a poco todo va saliendo a luz.
Mirá, mirá como escucho canciones lentas y pienso en ti.
Mirá, mirá como voy anotando las letritas de las canciones, y
Mirá, mirá como después te las voy a andar cantando por la calle.
Mirá, mirá como soy de cursi y nerd, y escribo muchas boberías.
Mirá, mirá como tengo sueño pero sigo escribiendo.
Mirá, mirá como te desconectas y sin embargo, quiero seguir hablando contigo.
Mirá, mirá como te quiero ir a dejar flores a tu ventana.
Mirá, mirá como quiero irme caminando a tu casa.
Mirá, mirá como pienso que fui más feliz que nunca esos seis días.
Mirá, mirá como me encantas.
Mirá, mirá como me entrego a ti, poco a poquito.
Mirá, mirá lo que estás haciendo de mi...

(Y por favor, no dejes de mirar nunca.)

viernes 27 de noviembre de 2009

I. Despiértame

Despiértame. Despiértame cuando notes que la tormenta se ha ido y no quedan niños llorando. Despiértame cuando necesites a tu lado alguien vivo con quien hablar y reír. Despiértame antes de que mi alma decida no acompañarme más; antes de ya no ver ni tampoco sentirte. Despiértame alegre y sin tu mente corrompida, para saber que fue de ti mientras yo no estaba. Despiértame cuando tus cuentos se hayan acabado, y necesites escuchar nuevas historias para transformarlas en las tuyas. Despiértame justo antes de dar el último respiro de vida, el último soplo de aventura y rendirte. Despiértame, para poder detenerte, para poder mirarte por última vez [mis esfuerzos no serán en vano]. Despiértame para invitarte un café y charlar sobre temas triviales, sin saber que tu corazón ha comenzado a sufrir desesperanzas momentáneas, y el mío ya no pueda aliviarlo. Despiértame cuando aún pueda sembrar flores de todos los colores fuera tu puerta y bajo tu ventana. Despiértame cuando no pueda borrar tu nombre de mi pecho, cuando no pueda quitar el sabor de tus labios, cuando no necesite caricias ni pueda entregar más abrazos. Despiértame cuando todo se vuelva tan real, para darme cuenta que no estaba durmiendo, sino soñando.

miércoles 18 de noviembre de 2009

La Ingenuidad de los niños

Amanda quiere jugar con Víctor, pero Víctor quiere jugar con Eva. Eva quiere jugar con Carlos, pero Carlos quiere jugar con Esperanza. Esperanza quiere jugar con Camilo, pero Camilo quiere jugar con Elisa. Elisa quiere jugar con Sergio, pero Sergio quiere jugar con Daniela. Daniela quiere jugar con Ismael, pero Ismael quiere jugar con Francisca. Francisca quiere jugar con Isaac, pero Isaac quiere jugar con Carla. Carla quiere jugar con Immanuel, pero Immanuel quiere jugar con Loreto. Loreto quiere jugar con Matías, pero Matías quiere jugar con Andrea. Andrea quiere jugar con Diego, pero Diego quiere jugar con Urzula. Urzula quiere jugar con Roberto, pero Roberto quiere jugar con Alicia. Alicia quiere jugar con Ricardo, pero Ricardo quiere jugar con Amanda. Amanda ya no quiere jugar con Víctor; ahora quiere jugar con Ricardo. Ricardo le regala flores de su jardín y las colaciones que le manda su mamá. Pero a Alicia no le importa. Ya no quiere jugar con Ricardo; ahora quiere jugar con Eva, Esperanza, Elisa, Daniela, Francisca, Carla, Loreto o con Andrea.
Quizá algún día, Amanda ya no quiera jugar con Ricardo (ni Ricardo con Amanda), pero para ese entonces Víctor jugará con Susana, Isabel, Natalia, Pamela, Ana, Nadia, Nelly, Isadora, Paula, Estefanía, Denisse, Angela, Zue u Olga.

Respondamos todos.

¿Se han dado cuenta de lo maravilloso que es recostarse de espalda en el pasto, mirando el hermoso cielo azul lleno de las más grandes nubes que, si observas bien, parecen deliciosos algodones de azúcar? ¿Han notado toda la magia que hay al caminar bajo la lluvia? ¿Se han fijado en lo rápido que corre el tiempo, y todos los días traen, aunque sea un poquito de felicidad? ¿Han quedado totalmente estupefactos al notar la inmensa belleza de las estrellas? ¿Han notado lo relajante que es escuchar música mirando por la ventana de la micro, mientras el señor que duerme a su lado los usa como almohada? ¿Se han desvelado toda una noche y sentir la más increíble sensación de como sale el sol por la mañana, llenándote todos y hasta el último poro de tu cuerpo, de las más mejores energías que puedes recibir en el día? ¿Se han subido a la bicicleta a andar, sólo por andar? ¿Han hecho de algún lugar suyo, y sólo suyo? ¿Se han dado cuenta que en verdad la vida no es tan complicada?
¿No?, ¿y por qué no comienzan a vivirla?

domingo 18 de octubre de 2009

XXIII

- Buenos días - saludó el principito.
- Buenos días - contestó el comerciante.
Se trataba de un mercader que vendía píldoras para apagar la sed. Tomando una por semana, no se sentía necesidad de beber.
- ¿Por qué vendes esto? - preguntó el principito.
- Significa un gran ahorro de tiempo - contestó el comerciante-. Los expertos calcularon que se puede economizar cincuenta y tres minutos por semana.
- ¿Y qué se puede hacer con esos cincuenta y tres minutos?
- Lo que uno quiera.
"Si yo tuviera cincuenta y tres minutos de sobra, los gastaría caminando lentamente hacia una fuente...", pensó el principito.

XX

Después de mucho andar a través de arenas, rocas y nieves, el principito encontró finalmente un camino. Y todos los caminos conducen hacia donde viven los hombres.
- Buenos días - saludó.
Era un jardín lleno de rosales en flor.
- Buenos días - contestaron las rosas.
El principito se quedó mirándolas: todas se parecían a su flor.
- ¿Cómo se llaman ustedes? - les preguntó desconcertado.
- Somos rosas - dijeron ellas.
- Ah... - murmuró el principito.
Y se sintió muy triste. Su flor le había dicho que ella era la única de su especie en todo el universo, ¡Y aquí había cinco mil, todas iguales, en un solo jardín!
"Ella se sentiría muy avergonzada si viera esto - se dijo -. Se pondría a toser con insistencia y fingiría morir para no hacer el ridículo. Y yo tendría que aparentar cuidarla, porque si no, se dejaría morir realmente para humillarme de algún modo."
Y continuó pensando: "Yo me sentía feliz al tener una flor única y resulta que es sólo una rosa vulgar. Con ella y mis tres volcanes que me llegan a las rodillas, y de los cuales uno tal vez está extinguido para siempre, no soy en verdad un gran príncipe."
Y echado en el pasto, lloró y lloró mucho rato.

XII

En el planeta siguiente vivía un bebedor. Aunque esta visita fue muy corta, sumió al principito en una gran tristeza.
- ¿Qué haces? - le preguntó al borracho, que se hallaba instalado delante de una colección de botellas vacías y llenas, en gran silencio.
- Bebo - le contestó el borracho con aire lúgubre.
- ¿Por qué bebes?
- Para olvidar - contestó el bebedor.
- ¿Olvidar qué? - inquirió el principito, compadeciéndolo ya.
- Para olvidar que tengo vergüenza - confesó el borracho, bajando la cabeza.
- ¿Vergüenza de qué? - quiso saber el principito, deseando ayudarlo.
- ¡Vergüenza de beber! - concluyó el borracho encerrándose en un silencio definitivo.
El principito se alejó, perplejo.
"las personas adultas son, realmente, muy extrañas", se dijo durante su viaje.

sábado 10 de octubre de 2009

El loco que dice buen día

Íbamos de la mano, por la calle asoleada, y en el mismo vientito en que venía el olor de las flores del florista de la esquina, vino la voz del hombre: "Buenos días... buenos días... ¡pero qué linda mañana!... señora, ¿por qué tiene esa cara tan triste? ¿No ve que hoy es primavera?... No me diga atrevido, señora... me gusta la gente..., yo quiero a la gente..., y si no hablo con la gente... me siento muy solo... ¿o usted no se siente sola, señorita apurada?... Buen día, señor; tome una margarita para la solapa del saco... ¡Vaya una manera de decir que no! Es primavera y hay que llevar una flor en la solapa. Si no ¿para qué sirve que sea primavera?"
Y así, con su voz alegre, lo fue acercando hasta nosotras dos, mamá y nena con una media caída y la otra no.
Yo ya lo conocía. Lo había visto muchas veces hablando solo, con los ojos azules y límpidos fijos en una distancia color amanecer. Lo había visto derramando su "buen día, señora; buen día, señor; buen día, señorita", como si fuera con una regadera de palabras humedeciendo el tiempo.
Y había visto también el enojo, la sonrisa burlona o la simple indiferencia de la gente que pasaba a su lado. Algunos insultándolo, otros haciéndole burla, los más sin mirarlo siquiera, como si no existiera.
Verónica se detuvo frente al hombre.
- Buenos días, señora...
- ¿Es tu amigo, mamá?
No supe qué contestar. Me tomó de sorpresa la pregunta. ¿Era mi amigo? ¿No era mi amigo? No sabía...
- Sí, nena linda - balbuceó él mientras quitaba una flor de los ramos del florista y se la alcanzaba con una mano huesuda y pálida -. Tu mamá es mi amiga... Toda la gente es amiga mía... Los viejos, los jóvenes, los chicos... los perros, los gatos, los canarios... Porque yo fui el que entró a la pajarería y le abrió las puertas a las jaulas de los pajaritos... ¡Hubieras visto cómo se puso el cielo se puse el cielo ese día, de todos colores, igual a un jardín! ¿Cómo te llamas?
- Verónica... y quiero ser tu amiga. En la plaza yo me hago amiga de todos los chicos... En cambio, las personas grandes son diferentes. ¿No mamá?
- A veces...
A veces... o casi siempre, por desgracia. La gente lo llama "el loco que dice buen día". Pero es el único ser que vi con una flor en el ojal en primavera. Y que en vez de llevar un pañuelo en el bolsillo del saco, lleva una paloma blanca que picotea al aire leve. Y en vez de tener los ojos empañados de envidia, de tristeza, de rencor..., los tiene abiertos y hondos, se puede ver en ellos lo que siente, como se ven los peces a través del agua de los riachos del sur.
Las personas grandes para ser amigas tienen que responder un complicado cuestionario, lleno de signos y de números. No pueden decirle "buen día" a la gente que se cruza con ellas por la calle porque la gente se sorprendería... y las llamaría locas, como al hombre de los ojos de niño que te dio esa caléndula y le va cantando al sol y a la ternura, estremecido por la alegría del trompo y calesita que da vueltas en el mundo de los niños.
Cuando el hombre se alejó, tú me preguntaste:
- ¿Por qué le dicen loco, mamá?
- Porque... porque no lo comprenden.
- A mí me parece más loco aquel señor que va con sombrero y traje negro en un día tan lindo.
- A mí también Verónica.
Tienes razón. Claro que tienes razón. ¿Cómo va a ser un loco un hombre que regala flores y saluda por las calles, cómo va a ser loco un hombre que ama a los viejos, a los jóvenes, a los niños, a los perros, a los gatos, suelta los pájaros de las jaulas y sonríe porque el sol es redondo y amarillo?
Locos... somos los otros: los que miramos con angustia los relojes, los que no estrechamos las manos de quienes no nos muestran su documento de identidad y no tienen bien lustrados los zapatos, los que ponemos un vidrio de distancia entre nosotros y los demás... con la excusa de protegernos. Bah, por temor a darnos, a amar, a que nos llamen locos.