Despiértame. Despiértame cuando notes que la tormenta se ha ido y no quedan niños llorando. Despiértame cuando necesites a tu lado alguien vivo con quien hablar y reír. Despiértame antes de que mi alma decida no acompañarme más; antes de ya no ver ni tampoco sentirte. Despiértame alegre y sin tu mente corrompida, para saber que fue de ti mientras yo no estaba. Despiértame cuando tus cuentos se hayan acabado, y necesites escuchar nuevas historias para transformarlas en las tuyas. Despiértame justo antes de dar el último respiro de vida, el último soplo de aventura y rendirte. Despiértame, para poder detenerte, para poder mirarte por última vez [mis esfuerzos no serán en vano]. Despiértame para invitarte un café y charlar sobre temas triviales, sin saber que tu corazón ha comenzado a sufrir desesperanzas momentáneas, y el mío ya no pueda aliviarlo. Despiértame cuando aún pueda sembrar flores de todos los colores fuera tu puerta y bajo tu ventana. Despiértame cuando no pueda borrar tu nombre de mi pecho, cuando no pueda quitar el sabor de tus labios, cuando no necesite caricias ni pueda entregar más abrazos. Despiértame cuando todo se vuelva tan real, para darme cuenta que no estaba durmiendo, sino soñando.
viernes 27 de noviembre de 2009
miércoles 18 de noviembre de 2009
La Ingenuidad de los niños
Amanda quiere jugar con Víctor, pero Víctor quiere jugar con Eva. Eva quiere jugar con Carlos, pero Carlos quiere jugar con Esperanza. Esperanza quiere jugar con Camilo, pero Camilo quiere jugar con Elisa. Elisa quiere jugar con Sergio, pero Sergio quiere jugar con Daniela. Daniela quiere jugar con Ismael, pero Ismael quiere jugar con Francisca. Francisca quiere jugar con Isaac, pero Isaac quiere jugar con Carla. Carla quiere jugar con Immanuel, pero Immanuel quiere jugar con Loreto. Loreto quiere jugar con Matías, pero Matías quiere jugar con Andrea. Andrea quiere jugar con Diego, pero Diego quiere jugar con Urzula. Urzula quiere jugar con Roberto, pero Roberto quiere jugar con Alicia. Alicia quiere jugar con Ricardo, pero Ricardo quiere jugar con Amanda. Amanda ya no quiere jugar con Víctor; ahora quiere jugar con Ricardo. Ricardo le regala flores de su jardín y las colaciones que le manda su mamá. Pero a Alicia no le importa. Ya no quiere jugar con Ricardo; ahora quiere jugar con Eva, Esperanza, Elisa, Daniela, Francisca, Carla, Loreto o con Andrea.
Quizá algún día, Amanda ya no quiera jugar con Ricardo (ni Ricardo con Amanda), pero para ese entonces Víctor jugará con Susana, Isabel, Natalia, Pamela, Ana, Nadia, Nelly, Isadora, Paula, Estefanía, Denisse, Angela, Zue u Olga.
Respondamos todos.
¿Se han dado cuenta de lo maravilloso que es recostarse de espalda en el pasto, mirando el hermoso cielo azul lleno de las más grandes nubes que, si observas bien, parecen deliciosos algodones de azúcar? ¿Han notado toda la magia que hay al caminar bajo la lluvia? ¿Se han fijado en lo rápido que corre el tiempo, y todos los días traen, aunque sea un poquito de felicidad? ¿Han quedado totalmente estupefactos al notar la inmensa belleza de las estrellas? ¿Han notado lo relajante que es escuchar música mirando por la ventana de la micro, mientras el señor que duerme a su lado los usa como almohada? ¿Se han desvelado toda una noche y sentir la más increíble sensación de como sale el sol por la mañana, llenándote todos y hasta el último poro de tu cuerpo, de las más mejores energías que puedes recibir en el día? ¿Se han subido a la bicicleta a andar, sólo por andar? ¿Han hecho de algún lugar suyo, y sólo suyo? ¿Se han dado cuenta que en verdad la vida no es tan complicada?
¿No?, ¿y por qué no comienzan a vivirla?
domingo 18 de octubre de 2009
XXIII
- Buenos días - saludó el principito.
- Buenos días - contestó el comerciante.
Se trataba de un mercader que vendía píldoras para apagar la sed. Tomando una por semana, no se sentía necesidad de beber.
- ¿Por qué vendes esto? - preguntó el principito.
- Significa un gran ahorro de tiempo - contestó el comerciante-. Los expertos calcularon que se puede economizar cincuenta y tres minutos por semana.
- ¿Y qué se puede hacer con esos cincuenta y tres minutos?
- Lo que uno quiera.
"Si yo tuviera cincuenta y tres minutos de sobra, los gastaría caminando lentamente hacia una fuente...", pensó el principito.
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XX
Después de mucho andar a través de arenas, rocas y nieves, el principito encontró finalmente un camino. Y todos los caminos conducen hacia donde viven los hombres.
- Buenos días - saludó.
Era un jardín lleno de rosales en flor.
- Buenos días - contestaron las rosas.
El principito se quedó mirándolas: todas se parecían a su flor.
- ¿Cómo se llaman ustedes? - les preguntó desconcertado.
- Somos rosas - dijeron ellas.
- Ah... - murmuró el principito.
Y se sintió muy triste. Su flor le había dicho que ella era la única de su especie en todo el universo, ¡Y aquí había cinco mil, todas iguales, en un solo jardín!
"Ella se sentiría muy avergonzada si viera esto - se dijo -. Se pondría a toser con insistencia y fingiría morir para no hacer el ridículo. Y yo tendría que aparentar cuidarla, porque si no, se dejaría morir realmente para humillarme de algún modo."
Y continuó pensando: "Yo me sentía feliz al tener una flor única y resulta que es sólo una rosa vulgar. Con ella y mis tres volcanes que me llegan a las rodillas, y de los cuales uno tal vez está extinguido para siempre, no soy en verdad un gran príncipe."
Y echado en el pasto, lloró y lloró mucho rato.
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XII
En el planeta siguiente vivía un bebedor. Aunque esta visita fue muy corta, sumió al principito en una gran tristeza.
- ¿Qué haces? - le preguntó al borracho, que se hallaba instalado delante de una colección de botellas vacías y llenas, en gran silencio.
- Bebo - le contestó el borracho con aire lúgubre.
- ¿Por qué bebes?
- Para olvidar - contestó el bebedor.
- ¿Olvidar qué? - inquirió el principito, compadeciéndolo ya.
- Para olvidar que tengo vergüenza - confesó el borracho, bajando la cabeza.
- ¿Vergüenza de qué? - quiso saber el principito, deseando ayudarlo.
- ¡Vergüenza de beber! - concluyó el borracho encerrándose en un silencio definitivo.
El principito se alejó, perplejo.
"las personas adultas son, realmente, muy extrañas", se dijo durante su viaje.
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sábado 10 de octubre de 2009
El loco que dice buen día
Íbamos de la mano, por la calle asoleada, y en el mismo vientito en que venía el olor de las flores del florista de la esquina, vino la voz del hombre: "Buenos días... buenos días... ¡pero qué linda mañana!... señora, ¿por qué tiene esa cara tan triste? ¿No ve que hoy es primavera?... No me diga atrevido, señora... me gusta la gente..., yo quiero a la gente..., y si no hablo con la gente... me siento muy solo... ¿o usted no se siente sola, señorita apurada?... Buen día, señor; tome una margarita para la solapa del saco... ¡Vaya una manera de decir que no! Es primavera y hay que llevar una flor en la solapa. Si no ¿para qué sirve que sea primavera?"
Y así, con su voz alegre, lo fue acercando hasta nosotras dos, mamá y nena con una media caída y la otra no.
Yo ya lo conocía. Lo había visto muchas veces hablando solo, con los ojos azules y límpidos fijos en una distancia color amanecer. Lo había visto derramando su "buen día, señora; buen día, señor; buen día, señorita", como si fuera con una regadera de palabras humedeciendo el tiempo.
Y había visto también el enojo, la sonrisa burlona o la simple indiferencia de la gente que pasaba a su lado. Algunos insultándolo, otros haciéndole burla, los más sin mirarlo siquiera, como si no existiera.
Verónica se detuvo frente al hombre.
- Buenos días, señora...
- ¿Es tu amigo, mamá?
No supe qué contestar. Me tomó de sorpresa la pregunta. ¿Era mi amigo? ¿No era mi amigo? No sabía...
- Sí, nena linda - balbuceó él mientras quitaba una flor de los ramos del florista y se la alcanzaba con una mano huesuda y pálida -. Tu mamá es mi amiga... Toda la gente es amiga mía... Los viejos, los jóvenes, los chicos... los perros, los gatos, los canarios... Porque yo fui el que entró a la pajarería y le abrió las puertas a las jaulas de los pajaritos... ¡Hubieras visto cómo se puso el cielo se puse el cielo ese día, de todos colores, igual a un jardín! ¿Cómo te llamas?
- Verónica... y quiero ser tu amiga. En la plaza yo me hago amiga de todos los chicos... En cambio, las personas grandes son diferentes. ¿No mamá?
- A veces...
A veces... o casi siempre, por desgracia. La gente lo llama "el loco que dice buen día". Pero es el único ser que vi con una flor en el ojal en primavera. Y que en vez de llevar un pañuelo en el bolsillo del saco, lleva una paloma blanca que picotea al aire leve. Y en vez de tener los ojos empañados de envidia, de tristeza, de rencor..., los tiene abiertos y hondos, se puede ver en ellos lo que siente, como se ven los peces a través del agua de los riachos del sur.
Las personas grandes para ser amigas tienen que responder un complicado cuestionario, lleno de signos y de números. No pueden decirle "buen día" a la gente que se cruza con ellas por la calle porque la gente se sorprendería... y las llamaría locas, como al hombre de los ojos de niño que te dio esa caléndula y le va cantando al sol y a la ternura, estremecido por la alegría del trompo y calesita que da vueltas en el mundo de los niños.
Cuando el hombre se alejó, tú me preguntaste:
- ¿Por qué le dicen loco, mamá?
- Porque... porque no lo comprenden.
- A mí me parece más loco aquel señor que va con sombrero y traje negro en un día tan lindo.
- A mí también Verónica.
Tienes razón. Claro que tienes razón. ¿Cómo va a ser un loco un hombre que regala flores y saluda por las calles, cómo va a ser loco un hombre que ama a los viejos, a los jóvenes, a los niños, a los perros, a los gatos, suelta los pájaros de las jaulas y sonríe porque el sol es redondo y amarillo?
Locos... somos los otros: los que miramos con angustia los relojes, los que no estrechamos las manos de quienes no nos muestran su documento de identidad y no tienen bien lustrados los zapatos, los que ponemos un vidrio de distancia entre nosotros y los demás... con la excusa de protegernos. Bah, por temor a darnos, a amar, a que nos llamen locos.
martes 22 de septiembre de 2009
I've never
I've never seen your face and I've never heard your voice,
I've only seen your words in pictures book at home.
I've never sailed across your eyes or been inside your lies,
I've always spent my time in Brighton in the wind.
I've never eaten hearts or drunk in a empty space;
I've never kissed your hands or drunk in a house of glass.
I've never had to find thoughs in the middle of your mind,
I've always known just where I am and where I'll never stay.
I've read your movements by writers who have been to my smile;
I've heard people telling their dreams of adventures in their minds.
I've watched TV news about your lies and kisses
but I've never been abroad myself; it's making me feel sick.
I've studied several behaviours like anger and madness,
I've learned lots of useful mistakes I've never been able to forget.
The furthest place I've ever been was that your coldest body,
and that was a full of sadness from my lips and your worries.
viernes 18 de septiembre de 2009
jueves 17 de septiembre de 2009
Ya no tengo palabras atrapadas.
Me encuentro con ganas realmente locas de salir y de disfrutar lo que me queda de estas vacaciones dieciocheras. Quiero descubrir ese Santiago que muchas veces no me atrevía a ver.
He conocido lugares muy lindos y agradables que espero prontamente volver a visitar.
He aprendido a verle la cara bonita a las cosas, o por lo menos los últimos días. Trato de sonreírle al mundo (para que así él me pueda sonreír).
Tengo ganas de juntarme con gente que hecho harto de menos; quiero pasar más tiempo con mis amigas y menos encerrada, y es bacán que ellas también lo sientan así.
Ayer la pasé realmente bien (creo que quedará en la memoria, porque fue un día totalmente bonito), y espero que vengan muchos más días como ese, muchos más días sin un sol de invierno, muchos días con la gente que realmente sé que estuvo, está y estará para mí (porque realmente lo aprecio... mucho mucho mucho).
Porque creo que esto era para desahogarme un poco, para dedicarle un momentito a todo el mundo, porque quiero en verdad ver las cosas de colores vivos y no grises, ya que al final... ¿la vida no es un carnaval?
En este momento, quiero verlo así. Y cuando uno quiere, puede. Mi mente puede más de todo lo que puedo imaginar, y espero que me ayude en todo; y le agradezco por lo que hasta ahora he podido hacer con ella, o más bien, ella conmigo.
Espero que todos seamos felices, pequeños y pequeñas... y nunca verle el lado negativo y oscuro a las cosas. Porque todo lo que quiero llegará en un momento, y me refugiaré en esa idea.
Y es que sentía como que tenía las palabras atrapadas entre punto y coma, pero ya no. He leído suficientes preguntas como para no responderlas (y no me refiero al Libro de las Preguntas).
Los quiero :*
Gracias Marifer por el lindo día en la Biblioteca, lo disfruté mucho c:
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